1 octubre 2013
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1 octubre 2013

Una Morada Para Dios

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Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos.       Éxodo 25:8

…en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu. Efesios 2:22

 

Desde la Creación, Dios ha querido habitar en medio su pueblo, vivir cerca de ellos. Al principio se paseó con Adán en medio del huerto, pero la caída sacó al hombre de la morada de Dios. Después ordenó a Moisés construir un tabernáculo, desde donde él se manifestaría a Israel; pero los hombres se acostumbraron a la presencia de Dios y la despreciaron. Un día, cuando el Arca moraba en Silo, fue robada por los filisteos; sin embargo, para los gobernantes y el pueblo ya no era tan importante, así que no se preocuparon por recuperarla. Por más de 100 años el arca estuvo en el olvido—arrumbada.

Después un joven llamado David tuvo un solo anhelo—traer el Arca del Pacto a ser de nuevo el centro de la vida de la nación. Para esto levantó el tabernáculo de David, y la gloria manifiesta de Dios estuvo entre ellos otra vez. Como resultado el reino de Israel se extendió poderosamente.

Ya grande, David dejó instrucciones a Salomón para la construcción del templo, un lugar majestuoso, digno de ser la habitación de Dios. Salomón lo construyó, pero más adelante profanó el templo con los ídolos de sus mujeres. Tiempo después la gloria abandonó el templo para siempre.

Pero Dios no desistió de sus propósitos—él había decidido habitar entre nosotros. Así que construiría un nuevo templo, no hecho de manos, sino un templo hecho de piedras vivas. Gracias al sacrificio perfecto de Cristo la gloria jamás abandonaría esta casa.

El día de Pentecostés el fuego del Espíritu Santo se derramó y levantó tan deseada habitación, la iglesia del Nuevo Testamento. La realidad de Jesús llenó sus corazones, y con gran poder daban testimonio de su resurrección. La gloria y las leyes de Dios estaban ahora escritas en sus mentes y corazones. La unción misma les enseñaba todas las cosas.

Nosotros somos parte de esta casa de Dios, y somos llamados a edificarla. Nuestras iglesias locales deben ser la manifestación del Cuerpo de Cristo—la oración, el ayuno, la fe, la revelación, el amor mutuo, el poder de la resurrección, los padecimientos—Cristo mostrando su gloria a través de su Cuerpo.

¿Qué sucederá si invertimos nuestras vidas para que nuestras congregaciones locales sean verdaderamente una morada de Dios en el Espíritu?

Oración

Señor, enciende el corazón de nuestra generación con el anhelo por tu casa. Despiértame para venir y edificar el lugar de tu habitación. Manifiéstate con poder en nuestras iglesias locales, y que los santos seamos llenos de tu Espíritu Santo y de tu verdad.

 

 



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